Giovanni Guevara Pino – Instructor de la Escuela CafeStore
En los últimos diez años, la oferta de cursos, talleres y “escuelas” de café en Chile ha crecido de forma sostenida. Formación en las áreas de barista, infusiones manuales, tueste, análisis sensorial, café verde y procesos: basta con una búsqueda rápida en redes sociales para encontrarse con decenas de alternativas, muchas de ellas prometiendo resultados rápidos, certificaciones “internacionales” o un supuesto dominio experto del café.
El problema es que la mayoría de los consumidores y aficionados no cuenta con las herramientas necesarias para evaluar estas ofertas. Y no es culpa suya. El café -a diferencia del vino o la cerveza- es una industria sorprendentemente joven en términos de estudio formal, estandarización y divulgación técnica.
Para ponerlo en perspectiva: aunque el culto del café se remonta aproximadamente a los años 900 a 1000 d.C. en Yemen, el café de especialidad como subindustria organizada existe recién desde 1982, con la fundación de la Specialty Coffee Association of America (SCAA), fusionada en 2016 con la SCAE para dar origen a la actual SCA. El estudio sistemático y masivo del café, tal como lo entendemos hoy, comienza recién en los años 2000. En Chile, los primeros cursos formales ligados a la antigua SCAE se dictan desde 2011.
Con estos antecedentes, es completamente comprensible que el conocimiento sobre café no sea masivo ni popular. Por lo mismo, elegir un curso sólo por precio, duración o estética en redes sociales es una decisión muy arriesgada que podría, en última instancia, dañar la base de todo nuestro futuro conocimiento y práctica sobre café. A continuación, propondremos una serie de criterios que vale la pena considerar antes de pagar o inscribirse en cualquier curso o taller de café en Chile:
1. El precio es lo último que deberías mirar
Puede sobar contraintuitivo, pero el valor del curso es el último dato relevante. El café no es una juguera, una lavadora o un automóvil, donde el consumidor promedio puede comparar especificaciones técnicas básicas. La enseñanza del café no forma parte del conocimiento común, por lo que el precio por sí solo no dice absolutamente nada sobre la calidad, profundidad o seriedad del curso.
Un curso barato puede ser excelente. Uno caro puede ser superficial. Sin contexto, comprar valores no sirve.
2. Formación y experiencia del docente: más allá del “soy barista”
¿Quién imparte el curso? Esta es una de las preguntas más importantes y, paradójicamente, una de las menos consideradas. No se trata sólo de si la persona “trabaja en café”, sino de si cuenta con formación reconocida y comprobable, experiencia pedagógica y coherencia técnica.
Aquí es válido preguntar por certificaciones SCA, Barista Hustle u otras instancias serias de formación, pero también por experiencia dictando cursos en OTEC, municipalidades, institutos o centros de formación técnica reconocidos por el Ministerio de Educación. Que el docente publique artículos, textos o investigaciones sobre café también es una buena señal: indica reflexión, estudio continuo y capacidad de ordenar conocimiento.
Esto no implica que un curso deba certificar a nombre de la SCA para ser bueno. De hecho, existen cursos más extensos, profundos y económicos que superan esos contenidos, tema que ya hemos abordado en este blog. Pero al menos deberían dialogar con ellos de forma coherente como piso mínimo.
3. ¿Enfoque técnico, práctico, sensorial… o todo junto?
El café requiere teoría y práctica en partes iguales. Un 50/50 real. El problema es que las redes sociales han instalado la idea de que el café se aprende “haciendo”, especialmente a través del arte latte. Esto genera una confusión peligrosa: sin un marco teórico sólido, la práctica se vuelve frágil, poco replicable y difícil de corregir.
Un buen curso debe explicitar su enfoque y justificarlo. La técnica sin comprensión genera operadores; la teoría sin práctica genera conceptos vacíos.
4. Contenidos claros y bien delimitados
Todo curso serio debería entregar, al menos, un listado básico de contenidos teóricos y prácticos. No para prometer “expertise”, sino para que el estudiante sepa qué va a aprender, cómo y con qué profundidad. La vaguedad suele ser una mala señal y debiera preocupar.
5. Duración realista: las horas importan
¿Cuántas horas cronológicas dura el curso? Este punto es clave. Los contenidos necesitan tiempo para ser explicados, discutidos, practicados y evaluados. Forzar demasiada información en pocas horas no es intensivo: es pedagógicamente deficiente.
Cuando un curso promete mucho en muy poco tiempo, conviene desconfiar o, al menos, preguntarnos por cuán factible es llevarlo a una buena conclusión.
6. Bibliografía: el respaldo invisible
¿Qué libros, investigaciones o fuentes se utilizan? Este punto suele omitirse, pero dice mucho sobre la calidad del curso. La enseñanza del café hoy se apoya en papers científicos, libros técnicos y estudios recientes. Una bibliografía clara demuestra actualización, rigor y respeto por el estudiante.
7. Evaluación del aprendizaje
Un curso de más de 10 horas debería contar con evaluaciones, teóricas y/o prácticas. No para “castigar”, sino para verificar que el aprendizaje fue efectivo. Sin evaluación, no hay forma real de saber si los contenidos fueron aprendidos, comprendidos y aplicados de la mejor manera posible.
8. Espacio físico e implementos adecuados
El café se aprende también con el cuerpo: moliendo, preparando bebidas, degustando o catando y tostando. Un buen espacio físico y equipamiento mínimo no son un lujo, son una condición básica. Sin ellos, incluso el mejor contenido teórico pierde impacto y sentido. También conviene hacer la pregunta incómoda: ¿Cuántos estudiantes forman parte del grupo? Como ejemplo: en las prácticas de protocolo de espresso hay un límite de estudiantes para el uso adecuado de la respectiva máquina de dos grupos y quizás está lejos de las ocho o diez personas.
9. Recién ahora: el precio
Sólo después de considerar todo lo anterior, tiene sentido comparar el valor del curso. En este punto, el precio deja de ser un número aislado y se transforma en una relación entre contenidos, horas, experiencia docente, infraestructura y evaluación.
Elegir un curso de café no debería ser un acto impulsivo ni una decisión basada en marketing. En una industria joven, en constante construcción y aún llena de mitos, informarse es una forma de respeto hacia el café y hacia uno mismo como estudiante. En la escuela de CafeStore nos hemos comprometido a respetar y promover los puntos recién propuestos, así que, ¡te esperamos con todas tus dudas y preguntas!





