Giovanni Guevara Pino – Instructor de la Escuela CafeStore
Durante años, el café en Chile fue entendido como un producto de consumo rápido: una bebida funcional, muchas veces amarga, que cumplía un rol más cercano a la costumbre que al conocimiento (fenómeno que podemos identificar en el resto del mundo). Sin embargo, en la última década —y especialmente junto el auge del café de especialidad— esa mirada ha comenzado a cambiar. Hoy, cada vez más personas se preguntan si vale la pena estudiar café en serio. Y la respuesta corta es: sí, pero no por las razones que suelen promocionarse (LINK: https://cafestore.cl/blog/cursos/cursos-de-baristas/).
La respuesta larga es la que desarrollamos a continuación.
El café como oficio y disciplina
Antes de hablar de cursos, certificaciones o habilidades técnicas, es necesario hacer una distinción fundamental: el café no es solo una bebida; es una disciplina. Y como toda disciplina, requiere estudio, práctica y criterio.
El problema es que esta idea aún no está completamente instalada en Chile. A diferencia de otras áreas gastronómicas o técnicas, el café ha sido históricamente subestimado. La figura del barista, por ejemplo, todavía suele asociarse a una simple función operativa —“el que hace café”— cuando en realidad debería entenderse como un profesional que gestiona variables complejas: extracción, evaluación sensorial y flujo de trabajo, entre otras.
Lo mismo ocurre con el tostador, cuyo rol sigue siendo poco visible, pese a que el tueste es uno de los factores más determinantes en la calidad final de la taza.
Esta falta de comprensión, aunque completamente normal y entendible, tiene consecuencias concretas. Una de ellas es la dificultad para superar la brecha del sueldo mínimo en muchos casos, incluso en trabajos que requieren formación técnica real. Y aquí aparece una tensión importante: ¿cómo valoramos un oficio que aún no entendemos completamente?
Creemos que parte de la respuesta está en la educación.
El café de especialidad —como subindustria organizada— es relativamente joven. Aunque el café se consume hace siglos, su estudio sistemático, con protocolos, estándares y bibliografía técnica, es algo que se consolida recién en las últimas décadas en un nivel internacional. En Chile, los primeros cursos formales aparecen alrededor de 2011. Es decir, estamos frente a un campo en construcción.
Y en un campo en construcción, estudiar no es opcional: es estructural.
Qué se aprende al estudiar café
Una de las ideas más extendidas —y más problemáticas— es que aprender café equivale a aprender a hacer latte art o ajustar una máquina de espresso. Esa visión es incompleta.
El café, entendido de forma profesional, se estudia en múltiples áreas. La actual Specialty Coffee Association (SCA), principal organismo internacional del café de especialidad, propone una estructura de formación que permite entender esta complejidad:
- Barismo: rama de estudio centrada en la preparación de espresso y bebidas de café con leche, control de variables y servicio.
- Brewing: centrada en preparaciones con cafeteras manuales, diseño de recetas y control de parámetros afines.
- Tueste: transformación del café verde gracias a la transferencia de calor, desarrollo de perfiles y comprensión físico química del proceso.
- Análisis sensorial: evaluación de atributos como aromas, gustos y mouthfeel, identificación de defectos y cualidades del café.
- Café verde: rama de estudio que se centra en todo lo relativo al café antes del tueste: cultivo, cosecha, post cosecha, procesos, estudio de defectos físicos, clasificación y compra.
- Sustentabilidad: impacto social, económico y ambiental del café.
- Conocimientos técnicos: funcionamiento y mantenimiento de maquinaria.
Esto es clave: estudiar café no es aprender una receta, es entender un sistema.
Y ese sistema está lleno de variables. Desde el ambiente en cultivo hasta la composición físico química del agua; desde los procesos de fermentación hasta las decisiones de tueste; desde la molienda hasta la evaluación de la bebida final. Pensar que todo esto se puede dominar en un taller de fin de semana no es optimista: es sencillamente ingenuo.
Cursos, certificaciones y práctica
A medida que crece el interés por aprender café, también crece la oferta formativa. Y con ella, la confusión.
Existen certificaciones internacionales reconocidas, como el Coffee Skills Program de la SCA, que estructura el aprendizaje en niveles progresivos. También existen programas más avanzados, como el Certificate of Advanced Studies (CAS) in Coffee Excellence en Suiza, que abordan el café desde una perspectiva académica y multidisciplinaria.
Por otro lado, iniciativas como la escuela australiana Barista Hustle han democratizado el acceso a contenidos técnicos de alta calidad, especialmente en formato digital.
Pero aquí conviene hacer una pausa.
Tener una certificación no garantiza conocimiento. Y no tenerla tampoco implica falta de formación.
Lo relevante no es el diploma, sino el contenido, la rigurosidad y la capacidad de aplicar lo aprendido.
En Chile, además, muchas “academias” o “escuelas” ofrecen “certificados” que no tienen reconocimiento internacional (lo que no es malo, pero sí lo es hacerlo pasar como tal) ni necesariamente siguen estándares técnicos claros (lo que es académicamente nefasto). Esto no significa que todos esos cursos sean malos, pero sí obliga a hacerse preguntas incómodas, entre otras:
¿Quién enseña?
¿Con qué bibliografía?
¿Con qué profundidad?
¿Con qué criterios de evaluación?
Como ya hemos planteado en otros espacios (LINK: https://cafestore.cl/blog/que-deberias-considerar-antes-de-inscribirte-en-un-curso-o-taller-de-cafe-en-chile/), elegir un curso por precio, estética o promesa de rapidez es una de las peores decisiones posibles en una industria donde el conocimiento aún no está masificado.
Aplicación real del conocimiento
Un argumento frecuente en contra de estudiar café es que “la experiencia se gana trabajando”. Y es cierto, pero incompleto.
La práctica sin teoría genera operadores que repiten procesos sin entenderlos. La teoría sin práctica genera conceptos que no se pueden aplicar. El equilibrio entre ambas es lo que construye un profesional.
En cafeterías comerciales y de especialidad, esto se vuelve evidente rápidamente. Dos baristas pueden usar la misma máquina, el mismo café y la misma receta, y obtener resultados completamente distintos. La diferencia no está en la herramienta, sino en la relación saludable entre conocimiento y criterio.
Y esta relación debe formarse y nutrirse.
Se forma entendiendo por qué un café puede percibirse más dulce sin tener azúcar. Se forma cuestionando mitos como “que los cafés naturales son dulces o los lavados ácidos”. Se forma comprendiendo que no existe un “espresso universal”, sino múltiples interpretaciones posibles dentro de parámetros técnicos.
El conocimiento, en este contexto, no es decorativo. Es operativo.
El valor del criterio y la construcción de un gremio
Llegamos, quizás, al punto más importante —y menos discutido— de todos.
Estudiar café no es solo una decisión individual. Es también una contribución a la construcción de un gremio.
Hoy en Chile hay pocas escuelas formales y oficiales de café. Y dentro de esas pocas, aún menos cuentan con docentes que combinen experiencia práctica, formación técnica y capacidad pedagógica. Este no es un problema exclusivo de Chile; es una realidad global en una industria joven.
Pero eso no lo hace menos urgente.
Sin educación rigurosa, el café se llena de mitos. Sin docentes formados, el conocimiento se distorsiona. Sin evaluación, el aprendizaje se vuelve superficial.
Y sin un gremio fuerte —compuesto por baristas, tostadores, técnicos y educadores— es muy difícil avanzar hacia mejores condiciones laborales, mayor reconocimiento profesional y estándares más altos.
Aquí es donde el estudio adquiere una dimensión distinta. No se trata solo de aprender a hacer café, sino de entenderlo, cuestionarlo y comunicarlo.
Nuestro enfoque: entender el café, no solo prepararlo
En CafeStore hemos insistido en una idea que puede parecer incómoda, pero que creemos necesaria: el conocimiento debe ir por delante del marketing.
En un contexto donde abundan los eslóganes, las promesas rápidas y la información superficial, formar personas que entiendan el café —y no solo lo preparen— es una decisión ética y técnica.
Entender el café implica reconocer sus límites. Implica saber qué sabemos y qué no. Implica cuestionar definiciones instaladas, como la obsesión por el arte latte o la simplificación del origen como único indicador de calidad.
Implica, en definitiva, construir criterio.
Conclusión
Entonces, ¿vale la pena estudiar café en Chile?
Sí, si el objetivo es comprender una disciplina compleja y en evolución.
Sí, si se busca desarrollar criterio técnico y no solo habilidades operativas.
Sí, si se entiende que el aprendizaje no termina en un curso, sino que recién comienza.
Pero no, si lo que se espera es una solución rápida, una certificación decorativa o una respuesta simple a un sistema que no lo es.
El café —como disciplina— exige tiempo, estudio y honestidad intelectual.
Y en un país donde el conocimiento cafetero aún está en desarrollo, estudiar no es solo una ventaja competitiva.
Es una responsabilidad.





